Septiembre del 2013, noche de fiesta y despilfarros. Junto con mi amigo André iniciábamos otro circuito de diversión juvenil en Valparaíso. Y como buen novicio, adorador ligado a lo terrenal -en tal momento-, me había unido hace ya un año al catálogo de lolitos despistados que ahuyentaban la soledad y los vacíos que les otorgaban las nuevas tierras universitarias bajo la infaltable asistencia al vicio porteño-cola por excelencia: Pagano; Las luces como máscaras, el alcohol que anestesiaba mis memorias y añoranzas bajo la inmadurez de las mismas, el éxtasis de sentir mi corazón latir como un motor más y un motor menos, conectado de alguna manera al júbilo incesable de aquella familia que infaltable cumplía otro ciclo de abonanza mental, el rezumadero chanel pirata con sus gustos de axe extenuado por algunos hedonistas de las pistas, un puñado de mundanos que se conectaban en la figura del vaso a nivel del torso y el brazo alzado o distendido, dependiendo de las volás de una multitud siempre diversa. Algo había cambiado en mí, un ser egoísta, posesivo e inseguro había comenzado a desarrollarse silencioso e inconsciente, de la manera mas instintiva y precrámbrica posible. No me conformaba con nada, y mis caprichos consumían mi mente bajo estereotipos y rencores de un adolescente que no sabía lo que tenía, ni quería, ni pensaba. La doble vida que comenzó como una gran aventura dotada de rebeldía y certidumbre, se había convertido en un jadeo de odio y miedo. Sería quizás el carácter posesivo de desear una pasión libre, mas “posmo”, mas “2000′s”, una conexión que fuera menos “porque sí”. O quizás la negación al recuerdo negro, al nunca hicimos tal. Demasiadas expectativas otorgadas a la falta de elementos, la falta de momentos, que no fueran denigrados por la censura y el terror. Infinitos esquemas de un niño frente al primer viaje a la escuela. Primeros viajes en donde aunque, quizás la rueda se pinchó, o las ventanas se empañaban, carecía de humildad. No quería quedar con ese gusto amargo, con ese gusto a imperfección. Más que un niño, una niña.
Puede que a nadie le resulte fácil llevar un menáge (indague), el tema es que, quién sabe, cuando no hay vanguardias y aún menos, algún hermano. Exploración total, “dejé la vida volar” pero la estreches de mente pedía tierra e ignoró que abundaba el mar. ¡Y qué difícil es saberlo!, cuando se es tan necio a causa de la inexperiencia mientras arrastras el peso de árboles tan vetustos, ¡cómo maldigo aquella morfología tan transgénica!.
Aún recuerdo aquellos convites y momentos que eran compartidos en compañía de nuevos rostros, hasta el instante en que me volvía un fantasma, me estigmatizaba en mi tercer sombra. Yo simplemente no entendía, porque no dimensionaba, y más aún, no me explicaba el doble discurso que nacía de aquella boca que bajo tanto arrebato parecía estimarme, pasaba a ser nada mas que una jeta más en cuestión de oraciones. Demasiada decepción y odio concentrado en momentos tan pequeños. Aquí nace el desamor, o bien, el despinte de lo que yo consideraba amor en aquella época -adolescente, pequeño gran niño- Pero crecí ignorando al inconsciente y el conflicto bélico de mi aparato psíquico (Según Freud). No quería pugnar por altura de miras, deseaba mantener los ojos abiertos mientras erguía la mirada. Pero los ecos y la psicosis volverían varios meses mas tarde… Hasta este punto, en dónde mi convivencia con mis amores se volvía insoportable gracias al mi carácter. Sangre pesada y escaldada. Omitiendo todo propósito y tópico que no fuera saciar mis pulsiones y caprichos amorosos, y bastante triviales… Abandoné toda capacidad creadora, todo sueño y oportunidad. Volví a perderme y corrí lejos en mi interior, dejando clavos en el camino. Me siguieron y los pinchazos les fueron profundos… aun así, no paré, hasta que el tránsito se detuvo. me aislé y las cartas bajo mi piel se mancharon.
Nunca gocé de una gran capacidad expresiva, de manera que, la comunicación nunca fue buena. Mantener una conversación constructiva me obligaba a despertar demasiadas frustraciones y opiniones de las que había formado cápsulas para -de un momento- no complicar el asunto. Ésta condición muda, exacerbó nuestra voluntad y llenó de migas al menáge. El desgano frente a la vida se presentó imponente: esta noche me buscaba, no me encontraba, no estabas, no estabas, buscaba, mas, no encontraba ningún sentido, te buscaba en otros, me busqué en otros, todo parecía sintético y sabía que esta noche sólo sería una más, ni pensé que se tornaría un recuerdo (un recuerdo rescatado). Aquél vigor de movimientos que nacía por sí sólo al entrar a la senda del cascabeleo corporal se había esfumado, ni siquiera brebaje tras brebaje podía saciar tal desesperación, aquella histeria introvertida, el vacío que mis defectos habían inventado; Otra psicosis nacía y más fuerte que nunca. Abandonamos el lugar, me sentía culpable de haber hecho pasar tan mediocre noche a André. Me prometí no volver a tomar. Durante el camino pensaba en cómo sería el llega a la casa de mis amores, a empotrarme entre esos dos cuerpos a los que ya me costaba abrazar; Esta situación comenzó a gangrenar las cosas. No quería colapsar de neurosis, en varias ocasiones decidí cortar esta historia que había escrito con el primer lápiz que encontré, pero frente a tal coyuntura, nunca me fui para siempre, más pesaba en mí la idea de estar finalmente juntos y libres en la misma ciudad, para finalmente desarrollar tragedia tal. Además, mi piel y mi alma seguían deseándole. Cómo olvidar aquel lapso temporal en donde decidimos no volver a hablarnos: Nuestro plan fue un desastre. Me había metido en la cabeza la idea de que no era necesario en su vida (hablo en singular ésta vez y desde fondo). Pues, yo si lo necesitaba, lo necesité tantas veces, lo que producía en mí rencores que fácilmente perdonaba sólo porque era él. Lo peor es que estaba siendo egoísta y totalmente dependiente, presentía moverme entre sentimientos y pensamientos que no me correspondían, porque ya me había extraviado en mi identidad, realidad. Desconsiderando a aquella segunda persona quien también me amó, a quien mis celos le cerraron toda ventana, toda puerta y enjuiciaron bajo un pedestal de la infamia; Mi mente y emociones se cerraban cada vez más.
Continuará….
“Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia” (Anónimo)
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