domingo, 16 de febrero de 2014

Carta a membrana motor

Esta carta se ha comenzado a redactar sin propósitos de aforismos ni provocaciones al subconsciente de nadie. Un proceso egoísta, narcisista, lo reconozco. Pero necesario, porque ahora siempre es egoísta cuando se intenta imponer la inquietud o la necesidad que nace de un imaginario -virtualizado, según algunos- y que el juicio lo denigra en un tema indiscutible y fuera de debate, o bien, poco importan los residuos del pensamiento de un niño, poco importan las inquietudes mal impuestas que no estén ligadas a un tema de utilidad e interés más universal. He aquí la agresividad del discurso adulto actual, la empatía llega hasta donde la satisfacción nace. Vivimos en un mundo de guerras; las guerras imponen las vanguardias, las guerras imponen el uso colosal de nuevas tecnologías, las guerras cambian naciones. Los humanos que intentamos habitar este planeta estamos en una constante construcción y destrucción de nuestras comprensiones, sin escapar de nuestras necesidades -que más que reconstruirse, parecen pervertirse-. Cada destrucción y construcción de nuestro medio nos desnuda, padecemos expuestos al medio y los vestigios de nuestra propia naturaleza. Cada capa de agua hirviendo nos debilita, así como también nuestras reconstrucciones, y cada capa se hace mas débil, por ser a la vez mas dura. ¿Buscará el ser humano la divinidad rechazando su naturaleza humana? quieren ser eternos, más lo terrenal es tan frágil como la paciencia. Cada vez nos cuesta mas desnudarnos y asumir nuestro rol frente a las cosas. Y es porque todo es violento, se acaba la concepción de lo que es el medio y el humano, sobre-politización de las cosas, y frente a tal -y grave- problema, no nos queda mas que reír o gritar.

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