jueves, 20 de febrero de 2014

No más Serena -> realidat

Hace dos días que llegué a Rancagua. No más playita rica, ni minitos en torso desnudo, ni despreocupación absoluta. Estoy en Rancuagua: ciudad detenida, arrasada por la modernidad.
Hola ciudad, hola preocupaciones, hola riñones, hola neurosis, hola DECISIONES.

Hora de almuerzo, comida vegetariana deliciosa, una bandeja de vidrio rectangular, de bordes arqueados, con un choclo en cada una de sus curvas, y el resto del área adornada con hortalizas sin aderezo, tomate en rodajas insuperables y piezas de brécol escaldado a tiempo perfecto. Todo muy fresco, se notaba que para apaciguar la borrasca de nuestra llegada a la realidad.

Marzo está cerca y la mesa esperaba a que alguien libere algún indicio de planificación de este 2014, para que inicie la charla. Yo no quería pensar en nada, no soporto las proyecciones, menos ahora en el estado en el que estoy. Sólo quiero que no me webeen, estar tranquilo, estar con mis wachos tirados en el césped, tirar en el césped, con la percepción incólume de que mis riñones nunca sufrieron esta autodestrucción y mirar las nubes, o las estrellas, mirar alguna webá en el cielo y disfrutar de los vientos  en parsimonia bien mamona.

Aún no me decido, seguir estudiando en Valpo vs. preuniversitario en Rancagua y talleres en Santiago. Tampoco me quiero decidir, me cuesta pensar en las coyunturas de cada opción. Ahora solo pienso en valpo valpo valpo, porque puta, hecho de menos un montón.
Como las vacaciones siguen aleteando tomaré rumbo entre estos días al puerto, en busca de respuestas -dijo el otrshro- esperando que la vida me ayude un poco a trabajar el juicio y determinar algún camino en mi historio.

Pero me gusta estar en el aire, como Shinji, de Evangelion: en esos momentos cuando la neurosis supera la realidad, y uno queda en estado de letargo. sólo conforme con la dicha de la vida a niveles ínfimos.
Me gustaría detener el tiempo. No. retrocederlo, y estar bien. La verdad, me da lo mismo, estoy bien igual. En el filo, sin saber que me dirá la vida, de alguna manera le otorga cierta emoción al vivir. El no saber nunca que cresta pasará mañana.

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